La prostitución, aunque se le cambie el nombre, sigue siendo explotación

02En esta sociedad patriarcal, donde las desigualdades de género y la violencia hacia las mujeres, son patentes en todos los ámbitos y se manifiestan de múltiples formas, encontramos un ejemplo muy claro de las mismas en la prostitución forzada. En estos días, hemos oído que el Gobierno baraja la posibilidad de incluir el dinero que generan los negocios de prostitución y tráfico de drogas en el cálculo del PIB. Y precisamente, uno de los argumentos para la regularización de la prostitución, es que todo el dinero negro que mueve se convertiría en legal y tributable. Por lo visto, el dinero vale más que la dignidad de las personas, y especialmente la de las mujeres, principales víctimas de la prostitución. También argumentan que de este modo sería un trabajo más regulado, y que ello implicaría mayor seguridad y mejores condiciones a las “trabajadoras del sexo” (curioso eufemismo), se combatiría a las mafias y sólo ejercería la prostitución quien así lo eligiera. Pero si, verbigracia, la pobreza te acaba arrojando a “elegir” prostituirte, entonces parece una elección relativa. Lo que no debemos olvidar, es que la prostitución, por mucho que la queramos maquillar, no deja de ser, en el fondo, un negocio que la “mercancía” que vende son personas y que, salvo excepciones, la norma general es el tráfico de personas y la coactividad.

Os dejamos un interesante artículo canadiense sobre el tema.

La semana pasada, la cámara baja del parlamento francés, aprobó un proyecto de ley que, de aprobarse, despenalizaría la venta del sexo. La idea detrás del proyecto de ley es acabar con la trata de seres humanos, con demasiada frecuencia unida al comercio sexual, y hacer frente a la demanda de prostitución a la vez que se ayuda a las mujeres atrapadas en la industria. Basada en el modelo conocido como nórdico, después de una ley aprobada por Suecia en 1999, el proyecto francés multaría a quienes contratan a prostitutas en un esfuerzo por acabar con el comercio sexual por completo. Esquemas similares se han aplicado en Islandia y Noruega, y otro se está estudiando en Irlanda.

Aunque el modelo ha tenido un gran éxito en Suecia, reduciendo tanto el tráfico como la prostitución de calle de manera espectacular, otros Estados y grupos de defensa de los derechos humanos, aún dudan sobre si este sistema se debe exportar al resto del mundo. ONUSIDA, la comisión de las Naciones Unidas sobre el VIH y el SIDA, hace poco parecía apoyar, bien la legalización o la despenalización total del comercio sexual (es decir, regular la industria ya existente), y los tribunales canadienses, están considerando derribar las leyes que penalizan a proxenetas y clientes.

Los recientes esfuerzos para enmarcar la prostitución como “trabajo sexual” están muy unidos a los encaminados a despenalizar por completo la industria. Y aunque algunos podrían argumentar que el término “prostitución” es anticuado y no respeta a las mujeres del comercio (como Sarah Ratchford hizo en su reciente artículo en VICE), de acuerdo con algunas supervivientes de la de prostitución y organizaciones feministas, los términos “trabajo sexual” y “trabajadora sexual”son irrespetuosos y ofensivos por innumerables razones.

Aunque a veces se le identifica como un enfoque políticamente correcto, el término “trabajo sexual” y el discurso que lo rodea ha sido adoptado por algunos como una forma de normalizar y sanear la industria del sexo (y al mismo tiempo, como muchos afirman , borrar los aspectos de explotación inherentes a la prostitución). Bridget Perrier es una mujer aborigen que fue prostituida en las calles y burdeles de todo Canadá desde que tenía 12 años. Logró escapar al comercio y ahora es co -fundadora y educadora de Primeras Naciones en Sextrade 101, una organización liderada por supervivientes del comercio sexual, que tiene como objetivo la abolición de la prostitución. “Para mí, los términos ‘trabajo sexual’ y ‘trabajadora sexual’ son muy ofensivos por lo que ha supuesto mi propia experiencia como niña explotada sexualmente”, me dijo por correo electrónico.

Rachel Moran, autora y superviviente de la prostitución, está de acuerdo. Ella me dijo que odia esos términos políticamente más correctos porque eran “mentiras”.

“Se construyen deliberadamente con el fin de ocultar una verdad que yo estaba viviendo todos los días”, me dijo. “Odiaba lo que estaba haciendo. Odiaba cada momento. Pero lo que despreciaba totalmente era mentir sobre ello”.

Andrea Matolcsi, experto en tráfico, en Equality Now, una organización internacional de derechos humanos para la defensa de niñas y mujeres, se decepcionó cuando se publicaron dos informes, respaldados por la ONU, defendiendo la despenalización completa de la prostitución. Poco después, ONU Mujeres envió una nota que condenó la trata y la prostitución forzada pero que, sin embargo, utilizaba el término “trabajo sexual”.

“Se habla mucho del ‘derecho’ de las personas a estar en la prostitución, pero no su derecho a estar fuera de ella”, dijo Matolcsi .

Los debates alrededor del “trabajo sexual” a menudo se centran en la cuestión de la “elección” , por ejemplo, si la mujer debe tener el derecho a “elegir” la prostitución como una “carrera”, o si los ‘adultos que consienten’ deberían tener que derecho a mantener relaciones sexuales a cambio de dinero. De lo que no se habla lo suficiente es sobre el contexto que subyace a lo que se llaman ‘elecciones’. Problemas como la pobreza, el abuso, la desigualdad de género, el racismo, y una historia de colonialismo, todos ellos juegan un papel, para finalmente llevar a las mujeres a la prostitución y mantenerlas en ella.

De hecho, fueron tantas las organizaciones que criticaron públicamente las recomendaciones formuladas por ONUSIDA y la nota enviada por ONU Mujeres, que ONU Mujeres de Suecia emitió una comunicado que decía: “La prostitución no es nunca un acto voluntario. Hay factores detrás de por qué una mujer, y en ocasiones un hombre, se ven obligados a vender su cuerpo” .

Perrier está de acuerdo en que etiquetar a la prostitución como una “elección” para algunas mujeres distorsiona la realidad. “Esas palabras, elección y elegir, son las que se repiten a sí mismos aquellos que están encerrados en la industria del sexo para poder hacer frente a su situación”, me dijo.

Uno de los principales errores de ONU Mujeres, ONUSIDA y otros grupos que trabajan en la despenalización de la compra de sexo, es trazar una marcada línea entre el “trabajo sexual” y la trata. Esta distinción implica que una situación es “elegida”, mientras que la otra no lo es. Pero no es tan simple como eso. Los expertos, activistas y supervivientes del comercio sexual, saben que hacer caso omiso a las conexiones entre prostitución, explotación y trata, significa ignorar las realidad de la industria del sexo.

La periodista sueca Kasja Ekis Ekman, publicó recientemente un libro centrado en la industria del sexo y la experiencia de Suecia aplicando el modelo nórdico. Ella cree que la trata está íntimamente ligada a la prostitución. “El tráfico surge cuando no hay una oferta de prostitutas suficiente para la demanda existente, si se habla en términos de mercado. En el mundo occidental nunca hay suficientes mujeres que entran en la industria del sexo voluntariamente. Así que el tráfico responde al problema de la oferta y la demanda”, escribe.

“Si hubiera miles de mujeres haciendo cola fuera de los burdeles diciendo: ‘Por favor, dejadme entrar a trabajar!’ ¿Por qué necesitaría la mafia traerlas a la fuerza a través de Europa o del mundo?” plantea Ekman.

Es decir, la prostitución existe como consecuencia de la demanda, no a causa de las “decisiones” de las mujeres.

Perrier comenta que no hay absolutamente ninguna diferencia entre la trata y otras formas de prostitución. “La trata de personas no es sino el transporte de mujeres para que se prostituyan. El hecho de comprar una mujer o niña es el mismo, da igual si se hace en un establecimiento legal o en la esquina de una calle”.

Matolcsi también se enfrenta al planteamiento que quiere ver a la prostitución como una sencilla elección que realizan algunas mujeres durante la vida laboral, y por ello dividen “trabajo sexual” y trata. “Se olvidan de las conexiones y superposiciones existentes entre la prostitución ilegal y la legal” continúa, “entre la prostitución infantil y la prostitución de adultos, y la enorme cantidad de tráfico y explotación que ocurre en los sectores legales.” La idea de que existe, de alguna manera, una “industria de la prostitución segura, limpia y legal es falsa”, afirma.

Las fronteras que algunas personas tratan de dibujar entre las diversas formas de prostitución para hacerla aceptable son imaginarias. Los niños prostituidos se convierten en adultos, las mujeres víctimas de la trata trabajan en casas de masaje “legales” y en las ventanas de la zona roja de ciudades como Amsterdam, y la prostitución ilegal está muy extendida en los lugares que han legalizado o despenalizado completamente la industria.

Es por estos motivos por los que los activistas anti-prostitución con quienes hablé están muy a favor del modelo nórdico. “Este es un modelo que protege a la parte más vulnerable”, dijo Perrier. “Su objetivo es la demanda en lugar de la prostituida.”

Ekman explica que la experiencia de Suecia con la ley ha sido positiva, y es apoyada por el 80 por ciento de la población: “No sólo ha disminuido la demanda, sino que la mayoría de la población ahora ve la prostitución como un producto de la desigualdad de género.”

Mientras tanto, de acuerdo con Igualdad Ya, los experimentos con la legalización en lugares como los Países Bajos y Alemania han fracasado estrepitosamente y, consecuentemente, políticos y organizaciones de mujeres están presionando para lograr la creación nuevas leyes .

Moran considera que “países como Alemania, Australia, y también Nevada serán hechos responsables, a lo largo de la historia, por sus violaciones de derechos humanos contra las personas – en su mayoría mujeres – en lo que concierne a la legalización de la prostitución.”

Canadá se encuentra actualmente en condiciones de adoptar un enfoque matizado y progresivo hacia Francia en su legislación sobre la prostitución. Próximamente, el Tribunal Supremo decidirá en el caso de Bedford contra Canadá, que plantea si las leyes sobre prostitución de Canadá son inconstitucionales. Aunque la decisión de derogar las leyes que penalizan burdeles y proxenetismo seguramente fomentará el tráfico y aumentará la prostitución, como hemos visto en otros lugares, una ley similar a la adoptada por Francia enviaría un mensaje que dice, en Canadá, las mujeres no están en venta.

Meghan Murphy es una escritora y periodista de Vancouver, BC.

(Traducción del original en: http://www.vice.com/read/decriminalizing-prostitution-may-not-be-the-answer)


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